Secuestrados
tagged dominio propio and secuestro
Ayer me enteré de que un conocido mío un tanto más jóven que yo fue secuestrado la semana pasada. Estaba caminando por la calle con un amigo a la una de la mañana y lo secuestraron. Lo tuvieron (tengo entendido) unas 4 horas y luego lo soltaron. Por suerte no se llevaron más que unos golpes. Sabemos que estas cosas suelen terminar bastante mal… ayudó que el padre del amigo de mi conocido es mediador profesional con criminales y supo cómo tratar el asunto.
Esto me llevó a pensar acerca de cómo reaccionaría yo de ser secuestrado. Lamento admitir que no me gustó la conclusión a la cual llegué. De ser secuestrado seguramente pasaría lo peor, y por “lo peor” me refiero a la muerte de alguno.
Situaciones en las cuales nos encontramos entre la espada y la pared nos hacen ver quienes somos verdaderamente. Muchas veces creemos que somos buenos y que tenemos paz y dominio propio y luego aparece la crisis y se dan a conocer nuestros verdaderos colores. Más de un conocido mío admitió que no conoce cómo reaccionaría si amenazan la vida de un ser querido y que desearía no saberlo jamás. No es que se trate de gente mala, todo lo contrario. Gente que valoro muchísimo y ante la cual me quito el sombrero admite lo mismo. ¿Qué es lo que nos pasa?
Creo que esto es una actitúd común del ser humano, pero por esto no la justifico. Cuando nos enojamos, se reduce nuestro coeficiente intelectual y no logramos razonar de la misma manera en la cual lo haríamos normalmente. Es probable que suceda algo similar cuando estamos en una situación de vida o muerte. Todos conocemos los casos de sucesos extraordinarios que acontecen cuando, por ejemplo, una madre es separada de su hijo o algo similar. ¿Será acaso esto algo que yace apagado, dormitando en lo profundo de nuestro ser?
No tengo esa respuesta. Lo único que puedo esperar es que nunca suceda… nunca.
Gracias por leer,
Dario Manoukian










