Una cuestión de excelencia
Todos sabemos que el pueblo japonés, como todos los orientales, tienen un gran amor por lo que hacen. No estoy hablando acerca de la gente que trabaja en una oficina, sino aquellos que siguen la tradición familiar de hacer kimonos, vender pescado en un puestito de pueblo o destilar sake. ¿Qué es lo que hace que ellos tengan tanta dedicación por su trabajo?
El cha no yu o ceremonia del té es considerado un arte. “¿Llaman arte a beber té?”, muchos preguntan. La respuesta es sí, porque no está en el mero hecho de tomar sorbos de una taza, sino que se remonta a la contemplación del árbol hindú anchorite*.
Todo es un arte para los japoneses: crear espadas, desenvainarlas, envainarlas, tajar con ellas, defenderse de ellas, etc. Es una cuestión de dedicación. Es una cuestión de excelencia, de ser el mejor, de dar todo lo que podemos dar de nuestra parte.
Los orientales tienen mucho de esto en su forma de ser. Creo que es momento de asimilar una postura similar a esta en nuestra vida. Podemos dar siempre un poco más, ser siempre un poco más precisos, luchar por superarnos a nosotros mismos.
El otro día estaba luchando en la academia de jiu jitsu. Estaba cansado ya que había entrenado duro y ya había peleado contra unas 4 o 5 personas durante 5 minutos con cada uno y sin descanso intermedio. En un momento, me encontré con una persona más pesada que yo encima mío en posición de cien kilos. Ya no daba más, estaba exhausto y mis músculos apenas me respondían. Estaba a punto de dar por finalizada la lucha y explicarle a mi compañero que no podía seguir debido a la fatiga. No lo hice. Recuperé mi aliento y logré meterlo en mi guardia (invertir la posición para ventaja mía). Si me hubiera dado por vencido no habría una anécdota para contar. Intenté seguir hasta el final, como si se tratara de una lucha callejera de verdad. Es gracias a que uno se exige siempre un poco más en pos de la excelencia que logra ver resultados positivos, ya sea un mejor nivel cardiovascular y muscular o una mentalidad positiva que no le teme a nada.
Es una cuestión de excelencia… puedo conformarme con la mediocridad o dar lo mejor de mí, nunca conformarme y luchar siempre por alcanzar un nivel mejor.
Gracias por leer,
Dario Manoukian
*no logré encontrar una traducción del nombre de este árbol.
Si disfrutaste de este post, agrega Bushido blog a tus RSS!











Febrero 15th, 2008 at 2:16 pm
Amor, tu lo has dicho al principio. Es lo principal que mueve de manera pujante nuestro espíritu, enriquece nuestra voluntad y fortalece nuestra motivación que junto a la disciplina (vean post de abril) nos lleva a la excelencia en nuestros quehaceres.
Fuera de este contexto encontramos al hombre que hace su trabajo de manera pragmática con fin exclusivo de obtener dinero. Su voluntad esta inclinada hacia ese fin.
El sistema nos lleva a un orden de las cosas condicionando la ambición al dinero, donde se identifica el camino que nos brinda la felicidad materialista. Esa felicidad depende de un objeto material, de un valor simbólico que luego lo conecta al estado de felicidad con elección personal.
La excelencia del arte nos lleva a un orden de las cosas condicionado por la virtud personal, donde se identifica el camino que nos brinda la felicidad espiritual. Esa felicidad no depende de lo material, sino de nuestro bienestar por lo que hacemos.
Con respecto de dar todo lo que podemos dar de nuestra parte es el estado sincero y completo de nuestra capacidad.
Cuando uno alcanza el máximo esfuerzo ocurre el máximo desgaste de nuestra energía pero como seres adaptables que somos nuestra capacidad se incrementa en ese punto.