Mis derechos y los tuyos
Existe un dicho que dice así, “tus derechos terminan donde comienzan los míos”. Seguramente hemos oído hablar acerca de estos. Por ejemplo, un vecino tiene las ramas de su árbol tan largas que invade la casa de otro vecino y le quita vista. El derecho del primer vecino a tener un árbol acaban donde comienzan los derechos del vecino de disponer de una buena vista desde su casa.
Algo similar me sucedió con el respeto. La falta de respeto hacia aquella persona que me hablaba entró en juego cuando me comenzó a faltar el respeto a mí. Se que hay que ser pacientes, pero todos tenemos nuestros límites. ¿Qué se supone que hay que hacer cuando una persona hostiga constantemente? Por mucho tiempo puse la otra mejilla (dicho sea de paso, a eso se refiere la biblia con aquel versículo), pero llega un momento que es intolerable.
Es una formación, una especie de entrenamiento hacia el respeto para con quien no lo merece y a la paciencia. ¿Pero en qué momento debo hacer valer mis derechos a causa de la invasión de sus “ramas”? Hablo mucho acerca de refrenar la lengua, de no bajar al mismo nivel que nuestro agresor, etc. ¿Pero qué sucede cuando demasiado es demasiado?
Perdonen si suena a queja lo que escribo y sepan disculpar la ambigüedad.
Dario Manoukian
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Agosto 22nd, 2007 at 8:44 am
Que gran post y que tan dificil se hace esa situación. Hay que aplicar el raciocionio y decirle a esa persona sin tapujos lo que hay, dejar las cosas claras sin alzar la voz ni ponerse mal. El respeto es el mayor de los valores ( para mi parecer ) y no pueden faltarte al respeto jamás, debes cortar porque sino, te lo faltaran siempre que quieran. Entonces se trata de dejar las cosas claras y si aun asi no funciona entonces, tomar una decisión ( depende el momento ). Perdona Dario, pero yo no soy de poner la otra mejilla, yo no falto al respeto que no me lo falten a mi nunca.
Un saludo
P.D. Aun así, muchas veces tragamos cosas que no deberiamos, es lo que tiene ser una raza que vive en sociedad
Agosto 31st, 2007 at 4:46 pm
Estimado Dario:
Recientemente me he visto en esa situción. He sido hostigado por un compañero de trabajo por no querer plegarme a sus exigencias; quería que yo le cambiara los turnos que él no quería hacer… en fin. Nunca actuó de frente, siempre esparciendo chismorreros y perjudicando mi imagen y mi trabajo. Hasta tal punto que yo me sentí avergonzado de sufrir esta situación. Aunque acudí a mi jefe él no quiso hacerse cargo de la situación.
Recientemente decidí ponerme firme y que al menos me temiera (sin llegar a dañarle). Se asustó de verdad y me acusó de agredirle, cosa que no es cierta. El resultado es que me llevé una severa reprimenda por parte de mi jefe que me ha hecho pensar en buscar un nuevo empleo. Pero hoy un jefe superior del mío se ha enterado de todo y me ha dicho que actué correctamente y que mi jefe directo no tenía autoridad para amenazarme con despedirme.
El resultado es que probablemente cambie de empleo porque aunque no me echen yo no me siento bien. Pero me siento muy en paz conmigo mismo. Hice un uso muy comedido de la fuerza (apenas lo sujeté mientras le advertía) y en ningun momento perdí el control de mi mismo.
En mi trabajo trato con mucha gente y todos los días resuelvo problemas dialogando y con amabilidad. Sin embargo siempre tropezaremos con personas que ante la falta de razón o recursos utilicen la violencia directa o por la espalda. Pienso que todos debemos fijar unos límites de lo que estamos dispuestos a aceptar y mantenernos firmes. No usar la fuerza con quien no la usa previemente y en caso de tener que hacerlo ser comedidos. Hace años estudié karate y pienso que lo más importante que nos enseñan las artes marciales es a no perder la cabeza en una situación extrema.
Hace años leí una cita en un sobrecillo de azúcar “SI TE OFENDEN QUIZÁS LLEGUES A OLVIDARLO, SI TU OFENDES NO LO OLVIDARÁS NUNCA,”
Septiembre 3rd, 2007 at 7:33 am
@ Marcos:
Me gustaría dedicarle un post a tu comentario. Tenme paciencia, intentaré escribirlo mañana.
Dario Manoukian, discípulo.