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BushidoBlog - Manual práctico para el Samurai moderno.

Escuchemos el sonido silencioso

Posteado por Dario el 1 de Noviembre, 2007

ryoangi-thumb11.jpgEl maestro zen Mokurai, trueno silencioso, era el maestro del templo Kennin. Tenía un pequeño discípulo de apenas 12 años llamado Toyo. Toyo veía como los pupilos más avanzados de su maestro lo visitaban a diario cada mañana y tarde para recibir instrucción en sazen y guía personal para disminuir los pensamientos divagantes.

Toyo también deseó practicar sanzen. “Debes esperar”, dijo Mokurai. “aún eres muy jóven”. Pero el niño insistió, así que el maestro aceptó enseñarle.

Por la tarde, el pequeño Toyo fue a la habitación sanzen de Mokurai. Golpeó el gong para anunciar su presencia, se inclinó respetuosamente 3 veces por fuera de la puerta y entró para sentarse ante el maestro en un silencio respetuoso.

“Puedes escuchar el sonido de dos manos cuando aplauden juntas”, dijo Mokurai. “Ahora muéstrame el sonido de una mano.” El pequeño Toyo meditó respecto a este enigma por más de un año. Varias veces se presentó ante su discipulador para intentar descifrarlo. La música de las geishas, el sonido del agua que cae en gotas, el viento, el sonido de un búho, las langostas, etc. Todas estas respuestas fueron rechazadas por Mokurai.

Finalmente Toyo entró en verdadera meditación y trascendió todo sonido. “No pude aprehender más”, explicó más tarde, “así que he alcanzado al sonido silencioso”. Toyo finalmente comprendió el sonido de una mano.

¿Cuántas veces nos dejamos llevar por las distracciones de esta vida? La oficina, los hijos, la universidad, etc. pueden ser todos sonidos que se interponen y nos distraen de la verdadera felicidad. Aprendamos del pequeño Toyo que pudo entrar en verdadero silencio interior y descifrar el enigma planteado por su maestro.

Una vez que escuchemos el sonido silencioso habremos expandido nuestra conciencia de manera tal que veremos a todo ruido desde otra perspectiva. Lamentablemente esto no es algo que pueda explicar con palabras, mas bien es algo que cada uno debe experimentar por cuenta propia.

Gracias por leer,
Dario Manoukian


Similar a un mudo comiendo miel

Posteado por Dario el 29 de Octubre, 2007

Un hombre le preguntó a un maestro Zen a qué era similar una persona que tiene una sensación hermosa para contar pero que no la puede compartir con nadie. El maestro pensó y luego le dijo “es similar a un mudo comiendo miel”. Luego le preguntó a qué es similar alguien que comparte con los demás cosas cuyo significado no conoce. El maestro pensó y luego respondió “es similar a un loro que repite palabras sin conocer su verdadero conocimiento”.

Cuantas veces habremos caído (me incluyo) en el error de querer contarle a los demás cosas que oímos respecto a temas orientales sin conocer su verdadero significado. Creemos haber alcanzado un nivel de iluminación pero la realidad es que aún tenemos mucho por conocer.

Una característica común de la gente sabía es el no tirarle perlas a los cerdos. Muchos finjen tener interés por lo que decimos cuando la realidad es que únicamente nos están tirando de la lengua para poder comenzar una discusión. Sepamos callar y no contar todo aquello que aprendemos.

Esto de no repetir como loro y de disfrutar de la miel sin contárselo a todo el mundo fue algo que me estuvo haciendo meditar bastante durante la semana. Es importante poder refrenar nuestra lengua ya que podemos pasar por desentendidos.

Una persona es preso de sus palabras y dueño de su silencio. Si somos charlatanes con todo occidental poco tolerante que nos indaga respecto al bushido, no seremos otra cosa que necios que “pisaron el palito”. Y no olviden, ¡siempre tienen la posibilidad de responderles rebalsando su taza de té!

Gracias por leer,
Dario Manoukian


La vida, la muerte y las frutillas

Posteado por Dario el 29 de Octubre, 2007

Un hombre caminaba por el campo cuando se encontró cara a cara con un tigre feróz. Comenzó a correr por su vida hasta que alcanzó un precipicio. Se colgó de la raíz de una viña silvestre. Al colgar de ella, vió que debajo de él lo esperaba otro tigre listo para devorárselo. Dos ratones, uno blanco y el otro negro, comenzaron a roer la raíz de la cual se había agarrado el hombre. En eso ve que una frutilla había crecido cerca de donde se encontraba y se soltó de una mano para tomarla. Nunca probó una frutilla tan deliciosa.

Muchas veces nos olvidamos de que solamente estamos en esta tierra por un período corto de tiempo. Acumulamos riquezas hasta que nos alcanza la muerte y luego nos creemos satisfechos porque “le hemos dejado una buena educación a nuestros hijos”. ¿De qué servirá esa educación si harán lo mismo que nosotros? Ganar plata y morir, ganar plata y morir. Es un círculo vicioso que parecería nunca acabar. Lo más triste es que el pretexto detrás de todo esto parecería ser honorable.

“Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.”

Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: “¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?” Y dijo: “Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea.” Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?” Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios.”

San Lucas 12.15-21

El tiempo es corto. 80 años pasan volando y cuando nos quisimos dar cuenta ya es demasiado tarde. No nos dejemos controlar por los impulsos materialistas. Disfrutemos de la vida y cumplamos con el propósito por el cual fuimos puestos en esta tierra: agradar a Dios. Solamente entonces tendremos las agallas necesarias para degustar de la frutilla más dulce de todas.

Gracias por leer,
Dario Manoukian


Puliendo el Bushido

Posteado por Dario el 17 de Octubre, 2007

Creo que el robo de mi celular fue en realidad apenas el comienzo de un proceso de despojarse de las cosas materiales. Y a decir verdad, no pudo haber venido en un momento más oportuno. Justo ahora que estoy intentando meterme más en todo lo que es es estilo de vida zen, frugal y sencillo.

Hoy a la mañana mientras viajaba hacia la oficina estaba sentado con mi mochila entre las piernas. En un instante pensé que la debería acomodar para que no le sea fácil a alguien arrebatármela y luego me di cuenta de que no tenía nada que valiera la pena robar (por ende no hacía falta preocuparse). Me recuerda un poco a la historia que posteé acerca del monje zen al cual le intentan saquear su choza únicamente para descubrir que no poseía bienes materiales.

No es fácil. Uno siempre se encuentra atraído por el último celular que se lanza al mercado o por algún MP4 con más memoria que los demás, pero aún así siento que de a poco se puede lograr mucho. Tuve una PlayStation 2 en su momento pero se arruinó con el tiempo por el uso que le dimos con mis hermanos. Hace poco un amigo me prestó la suya para que me sacara las ganas de jugar al God of War. Me saqué las ganas; ayer pasé la segunda parte (el GoW II) y hoy me siento listo para devolverla.

Comprendo que esto no es nada comparado a aquel que viste únicamente lo que lleva puesto y vive en una choza en 2 metros cuadrados a elección. No creo haberlo alcanzado todo, pero voy en el camino a la perfección. Puliendo día a día el código de valores que no siempre es fácil de cumplir. Intento conocerme a mí mismo y me sorprendo y a veces asusto de las cosas que voy descubriendo.

Muchos me corrigen en sus comentarios. Les agradezco. No creo conocerlo todo y estoy más que dispuesto a aprender de las experiencias de los demás (creo haberlo demostrado con mis respuestas a dichos comentarios). Soy sólo una persona más que debe convivir en este hermoso mundo. Un guerrero en búsqueda de su gran aventura. Y tu, ¿porqué no te sumas?

Gracias por leer,
Dario Manoukian


La sabiduría del silencio

Posteado por Dario el 12 de Octubre, 2007
Cuatro monjes se juntaron para realizar un retiro de silencio de siete días de duración. Durante este período meditarían en completo silencio sin emitir palabra alguna. Durante el transcurso de la primera noche, la única vela que iluminaba el lugar comenzó a sucumbir a causa de un leve viento. “¡Oh, no! ¡La vela se está por apagar!”, dijo un monje. “¿Porqué estás hablando?”, dijo el segundo enfadado. “¡Dejen de hablar, ustedes dos!”, expresó el tercero. “Yo fui el único que no habló”, manifestó el cuarto monje.

Otro cuento:

Un hombre le pidió a un artista que le pinte un cuadro de un bosque de bamboo. El artista hizo un hermoso trabajo en su representación. Al mostrarle el trabajo finalizado a quien lo había contratado, éste se maravilló en la técnica del autor, pero quedó sorprendido ya que el cuadro estaba pintado con tinta roja y no la tradicional tinta negra. “¿Porqué has pintado de rojo a los bamboo? ¿En dónde has visto que un bamboo sea rojo?”, le preguntó al artista. A lo que éste le respondió, “¿De qué color se suponía que los debía pintar?”. “De negro, por supuesto.”, dijo el primero. “¿En dónde has visto que un bamboo sea negro?”, preguntó el artista.

Estos dos cuentos tienen algo en común. En ambos se resalta un error ajeno sin darse cuenta del error propio al hacerlo. Esto es algo muy común en todo ser humano. Es algo innato que surge dentro de nosotros mismos.

No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que juzgan, seres juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Mateo 7.1-5

Muchas veces creemos tener la verdad. Esto no siempre es así. No critiquemos ni juzguemos a los demás dado a que seguramente nosotros hacemos, de una manera u otra, lo mismo que le estamos señalando a nuestro prójimo. Pensemos antes de hablar y no digamos siempre aquello que pensamos. Sólo entonces lograremos alcanzar un poco de sabiduría.

Gracias por leer,
Dario Manoukian


No está lejos del camino Budista

Posteado por Dario el 10 de Octubre, 2007

Un estudiante universitario visitó a Gasan y le preguntó: “¿Has leído la Biblia cristiana?”

“No, léemela.”, dijo Gasan.

El estudiante abrió la Biblia y leyó del libro de San Mateo:

“Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos…
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”

Gasan dijo, “Considero al que haya pronunciado estas palabras como un hombre iluminado.”

El estudiante continuó leyendo:

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”

Gasan comentó: “Eso es excelente. Quien quiera que haya escrito eso no está lejos del camino Budista.”

¿Verdaderamente hace falta que agregue algo más a estas palabras?
Dario Manoukian


¿En serio?

Posteado por Dario el 9 de Octubre, 2007
Existió un maestro Zen que era alabado por sus vecinos a causa de llevar una vida pura. Una hermosa chica japonesa cuyos padres eran dueños de una tienda de comida vivían cerca de él. Un día los padres de la chica descubrieron que estaba embarazada.
Los padres se enfadaron mucho y ella no quería confesar quién era el hombre que le había hecho esto, pero tras mucha instigación nombró finalmente a Hakuin, el maestro Zen.
Con mucho enojo, los padres fueron al maestro. “¿En serio?” era todo lo que decía.Tras nacer el niño, éste fue llevado a Hakuin. A esta altura él ya había perdido su reputación, cosa que no le molestó, pero cuidó muy bien del niño. Le conseguía leche de sus vecinos y todo lo que el pequeño necesitaba. Un año después, la madre del bebé no pudo aguantarse más y le reveló la verdad a sus padres: el verdadero papá del niño era un hombre jóven que trabajaba en el mercado de pescados.

La madre y el padre de la muchacha fueron inmediatamente a Hakuin para rogar su perdón, para disculparse en profundidad y traer consigo al niño. Hakuin no tuvo problema. Al entregarlo, lo único que decía era “¿En serio?”.

Requiere de mucho valor poder hacer lo que hizo Hakuin. Su nombre y reputación fueron manchados y fue considerado un hipócrita. El muy querido maestro Zen fue despreciado por todos a causa de la mentira de una persona. Pero esto no le molestó, él conocía la verdad. Cuenta la Biblia que no existe ningún secreto que no se llegue a conocer. Este secretó se demoró más de un año en llegar a la luz, pero aún así Hakuin siguió callado.

¿Cuántas veces saltamos ni bien intentan manchar nuestra reputación? ¿Cuántas han sido las veces en las cuales hicimos todo lo posible por enmendar un rumor acerca de nosotros? Es un buen ejercicio dejar que las cosas se “vayan resolviendo solas” tal como lo hizo este maestro Zen. Me encantó como no le importó en absoluto perder su reputación. Tenía su ego muy dominado. Nosotros, ¿lo tenemos así también?

Gracias por leer,
Dario Manoukian


Hablando se entiende la gente

Posteado por Dario el 3 de Octubre, 2007

Dos monjes cruzaban un camino lleno de lodo mientras la fuerte lluvia caía sobre ellos. En una oportunidad, logran ver que una joven muchacha muy linda con kimono de seda intentaba cruzar dicha intersección. Uno de los monjes se ofreció en cargarla hasta el otro lado y así hizo. El segundo monje permaneció callado hasta que ambos llegaron al templo por la noche. Finalmente habló diciendo: “Nosotros, los monjes no nos acercamos a las mujeres. Y mucho menos a aquellas que son jóvenes y hermosas. Es peligroso. ¿Porqué has hecho eso?” A lo que el primer monje le respondió, “Yo la dejé allí a la muchacha. ¿Tu aún la sigues cargando?”

Muchas veces nos quedamos con algo que ha sucedido y no podemos lograr quitar de nuestra mente el hecho. Me ha sucedido cuando me robaron el celular y muchas otras veces. Pero el mantenernos con esa bronca en nuestro interior sólo consigue lastimarnos y entristecernos.

La Biblia dice que si tenemos algo con alguna persona, que vayamos y estando los dos a solas lo hablen. Si se rechaza a hacerlo, involucra a un tercero para que ayude (…) Una gran cantidad de veces nos afligimos en gran manera por algo que resulta que el que nos ofendió ni siquiera está al tanto. Puede que un saludo esquivado o alguna insignificancia semejante no haya sido intencionada. De quedarnos callados, lo único que logramos es prolongar el malentendido y comenzar el efecto “bola de nieve”.

Hablando se entiende la gente y la blanda respuesta quita la ira. Noten como el primer monje le respondió con gracia al segundo. Podría haberle dicho algo así como: “si consideras eso un peligro, no eres un verdadero monje” o directamente le podría haber dado el silencio frío, pero no lo hizo. Respondió con tacto, no con contacto.

Dos cosas a recordar, entonces: no quedarse con el reconr encerrado en nuestro interior y charlarlo con quien nos hizo ese mal sin perder los estribos. Se sorprenderían de la cantidad de veces que el ofensor no lo ha hecho intencionalmente.

Gracias por leer,
Dario Manoukian


Sobre perlas y cerdos

Posteado por Dario el 2 de Octubre, 2007

Personalmente, me estoy volviendo un gran fanático del Zen. Creo que es un principio hermoso el de despojarse de lo material y encontrar lo hermoso en la vida misma. Así que ahí va otro cuento Zen…

Nan-in, un maestro japonés durante la era Meiji (1868-1912), recibió a un profesor universitario que se acercó a él para preguntar respecto al Zen.
Nan-in le sirvió te. Vertió hasta llenar la taza de su visita y luego continuó vertiendo. El profesor vió rebalsar la taza hasta que llegó un momento que no se pudo contener. “Está rebalsando. ¡No puede entrar más té!”
“Al igual que esta taza,” dijo Nan-in, “tu estás lleno de tus opiniones y especulaciones. ¿Cómo puedo acaso mostrarte lo que es el Zen a no ser que primeramente vacíes tu taza?”

Muchas veces la gente desea hacernos alguna pregunta referente a algún tema. El problema es que existen ocasiones en las cuales lo único que quieren es comenzar una discusión. Utilizan “su interés por el tema” como pretexto y una vez que comenzamos a compartir lo que sentimos comienza el debate.

Debemos ser más sabios y darnos cuenta de antemano cuando las intenciones de una persona en conocer más respecto a algún tema no son genuinas. Al distinguirlo, podemos simplemente y con un tono respetuoso decirles que no queremos discutir y luego les cambiamos el tema. La otra que podemos hacer es la del ejemplo de la historia (creo que sería una experiencia interesante hacer esto alguna vez jaja).

Yo solía compartir con mis compañeros del secundario acerca de Jesús. A veces sus preguntas e interés era genuino, a veces no. Un día uno de ellos me dice “dale, discutamos de religión”. Ya lo había encarado mal. Le dije que no dado a que mi objetivo no era discutir con nadie. Hoy ya pude dominar un poco mejor el tema de “tirarle perlas a los cerdos”. Aprendamos a discernir que cosas decir y a quién decirselas. Recordemos que para el samurai la lengua era considerada una puerta al alma y es por eso que no acostumbraban decir siempre lo que pensaban.

Personalmente me he percatado de que las mejores y más sinceras charlas se consiguen hablando a solas con una persona y no frente a un grupo. Cuando se toque un tema “delicado” como el aborto o el homosexualismo, no den su opinión a no ser que se las pidan. Al hablar menos generamos más interés en el otro respecto a lo que no estamos diciendo. Esto se aplica aún más para nosotros que amamos la cultura oriental y a seguido nos encontramos con gente que la menosprecia. La Biblia dice que “aún el necio cuando calla pasa por sabio”. ¡Refrenemos esa lengua y no le tiremos perlas a los cerdos!

Gracias por leer,
Dario Manoukian


Me robaron

Posteado por Dario el 1 de Octubre, 2007

Personalmente prefiero a los que son lo suficientemente hombres como para robarte dando la cara. Todo el mundo los conoce, son esos que te dicen “dame toda la plata”. A mí no me pasó eso. Un cobarde me metió la mano en el bolsillo mientras disfrutaba del concierto de los Black Eyed Peas.

Que fea sensación la de palpar mi bolsillo y no sentir el bulto que generaba mi celular. Varios más fueron robados, pero la mayoría eran gente inocente como yo que sólo iba a divertirse un rato. Son cosas que pasan, ¿no?

Estuve leyendo algunos cuentos zen de una página muy interesante. Si les pasara el link seguramente se me adelantarían y me quitarían contenido para escribirles, así que ese dato me lo voy a reservar. :)

Había un monje zen que vivía en una pequeña choza al pie de la montaña. Una noche, un ladrón vino a robarle, pero se sorprendió al ver que éste no tenía nada para robar. El monje se desvistió y le ofreció sus vestiduras al ladrón pensando que seguramente éste tuvo que haber hecho un largo viaje para llegar hasta él. El ladrón aceptó la ropa y huyó. El monje se sentó desnudo y pensó: “pobre muchacho… desearía poder regalarle esta hermosa luna.”

Me quedé pensando en que en realidad conviene irse desprendiendo de las cosas materiales. Calculo que mi celular era una de aquellas cosas que de no haber sido de otro modo nunca hubiera entregado. Lo menos que adueñe, lo menos que me debo preocupar.

Al viajar hacia el recital, vi a una señora pobre defecando en la calle. Me quedé pensando… ¿quién soy para quejarme yo de que me hayan robado el celular?

He creado una nueva sección titulada “zen“. Espero que la disfruten. Gracias por leer,
Dario Manoukian


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