Escuchemos el sonido silencioso
El maestro zen Mokurai, trueno silencioso, era el maestro del templo Kennin. Tenía un pequeño discípulo de apenas 12 años llamado Toyo. Toyo veía como los pupilos más avanzados de su maestro lo visitaban a diario cada mañana y tarde para recibir instrucción en sazen y guía personal para disminuir los pensamientos divagantes.
Toyo también deseó practicar sanzen. “Debes esperar”, dijo Mokurai. “aún eres muy jóven”. Pero el niño insistió, así que el maestro aceptó enseñarle.
Por la tarde, el pequeño Toyo fue a la habitación sanzen de Mokurai. Golpeó el gong para anunciar su presencia, se inclinó respetuosamente 3 veces por fuera de la puerta y entró para sentarse ante el maestro en un silencio respetuoso.
“Puedes escuchar el sonido de dos manos cuando aplauden juntas”, dijo Mokurai. “Ahora muéstrame el sonido de una mano.” El pequeño Toyo meditó respecto a este enigma por más de un año. Varias veces se presentó ante su discipulador para intentar descifrarlo. La música de las geishas, el sonido del agua que cae en gotas, el viento, el sonido de un búho, las langostas, etc. Todas estas respuestas fueron rechazadas por Mokurai.
Finalmente Toyo entró en verdadera meditación y trascendió todo sonido. “No pude aprehender más”, explicó más tarde, “así que he alcanzado al sonido silencioso”. Toyo finalmente comprendió el sonido de una mano.
¿Cuántas veces nos dejamos llevar por las distracciones de esta vida? La oficina, los hijos, la universidad, etc. pueden ser todos sonidos que se interponen y nos distraen de la verdadera felicidad. Aprendamos del pequeño Toyo que pudo entrar en verdadero silencio interior y descifrar el enigma planteado por su maestro.
Una vez que escuchemos el sonido silencioso habremos expandido nuestra conciencia de manera tal que veremos a todo ruido desde otra perspectiva. Lamentablemente esto no es algo que pueda explicar con palabras, mas bien es algo que cada uno debe experimentar por cuenta propia.
Gracias por leer,
Dario Manoukian










